lunes, 13 de junio de 2016

Una defensa para poligamia en los “libros sagrados”


En las diferentes creencias religiosas existen libros sagrados que incluyen el casamiento o unión conyugal con más de una mujer de acuerdo a los dioses que puedan estar involucrados. Esto es legalmente permitido por la deidad adorada no existiendo castigo, de algún modo, sobre la persona poligámica (sea poligínica o poliándrica). No obstante, las sociedades cambian, mutan sus creencias adecuándolas a las costumbres y las costumbres se convierten en su nueva manera de vivir y de protegerse a sí mismas para poder perpetuarse en las edades, llegando muchas de ellas a dejar las tradiciones y costumbres antiguas y tomar las nuevas como órdenes o permisiones divinas, tal el caso de la poligamia, que llego a “evolucionar” en monogamia (lo menciono como evolución porque ha sido un peldaño del pasado al presente y hasta el momento no se podría sustentar como algo degenerativo para la sociedad).
Pese a que existen muchas creencias religiosas y dioses a los cuales se adora y venera, también existe una vasta “literatura sagrada”, no obstante, me centraré en una que es, por costumbre occidental y en muchas zonas orientales, universal y conocida como: La Torá [o Torah] (para los judíos, islamitas o musulmanes), Pentateuco (para los cristianos) o Libros sagrados de Moisés (para los grupos mencionados u otros que se puedan incluir).

La creación: Adán y sus dos mujeres
En el primer libro sagrado, el Génesis o Bereshit, se menciona la creación de los primeros seres humanos: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27), sin embargo, en el siguiente capítulo, se vuelve a mencionar una nueva creación: “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.” (Génesis 2:22). Pese a que la lectura indica una creación de la mujer en el sexto día junto con el hombre y otra creación de la mujer luego del sexto día después que había sido creado el hombre, por tradición se suele enseñar que ambas historias son una sola y que la segunda solo es una explicación más detallada de la primera. Sin embargo, existe un texto de Siglo X de nuestra era que nombra a la primera mujer de Adán como: Lilith, esto en el midrash “El Alphabeta de Ben Sira”, una tradición hebrea que recoge datos de una tradición de origen mesopotámico (Sumeria) del Siglo VII antes de nuestra era tomada como parte del folklore del pueblo judío que estuvo exiliado en Babilonia, en donde Lilith no solo fue la primera mujer de Adán, sino que además lo abandonó (por un desacuerdo conyugal de índole sexual, donde ella argumentaba: "¿Por qué he de yacer debajo de ti? Yo también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual"), quedando Adán completamente solo. No obstante Dios, le concedió una segunda mujer a Adán, la cual se llamó Eva.

Encuentros amorosos en el Edén
Pese a que el pronunciamiento de Dios es: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24), se deberá mencionar a un personaje más: Samael. Samael es considerado por la tradición talmúdica judía como un arcángel, seductor y destructor, el responsable de plantar el árbol prohibido y tentar a Adán y Eva con el fruto, sería también el que se convirtió en serpiente para realizar dicha labor. En la cultura Sumeria también se lo menciona como uno de los hijos de Anu, también conocido como Enki o Ea. Sería este Samael el que llegara a ser amante de Lilith (puesto que Lilith y Adán no habrían roto su vínculo marital, Lilith seguiría siendo la mujer de Adán), con quién confabuló para desunir a Adán y Eva, ya que Lilith aun deseaba a Adán, es así que mientras Samael seducía a Eva, Lilith tenía encuentros sexuales con Adán. Luego vendría la intención de Lilith y Samael para hacer comer el fruto prohibido para separarlos completamente, sin embargo las órdenes de Dios fueron diferentes a los que esperaba Lilith, ya que Dios no castigó a Eva por ceder a la tentación, sino que la mantuvo con vida y junto a Adán, finalmente Lilith ya convertida en demonio deja el lugar, pero Samael lograría un mayor cometido llegando a ser el padre de Caín.

¿Es posible que la poligamia haya sido permitida por Dios?
En el cuarteto amoroso que se armó en el Edén, no había ningún castigo por parte de Dios, ninguna prohibición. Los herederos de dichas tradiciones y leyendas, los patriarcas, debieron haber captado el mensaje, y entender que tener más de una mujer no era reprochable por parte de Dios, incluso pudieron haber basado su actuar en un texto bastante enfático: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28), ayudándose en más de una mujer para procrear. Muchos reprochan que el castigo de Dios para los que practicaron la poligamia fue el desastre que ocasionaban sus hijos, tal el caso de los hijos de Jacob, sin embargo esta teoría se viene abajo cuando recordamos a una pareja monógama anterior a Jacob: Sus padres (Isaac y Rebeca); y es que, pese a que fueron monógamos, o al menos eso relata el Bereshit o Genésis, sus hijos también causaron un terrible desastre a tal punto que Dios tuvo que intervenir presentándose a los hijos de Isaac y Rebeca para impedir que uno matara al otro.

Son escritos que no se consideran como sagrados
Se argumenta que estos escritos que narran la historia de Lilith y de Samael, no pertenecerían al canon musulmán, judío o cristiano, por lo tanto no se les debe prestar atención. Sin embargo, tal como el Pentateuco o Torá, existen, en algún momento se decidió si deberían seguir usándose como textos sagrados o no, tal como muchos libros apócrifos que no están incluidos en el Tanaj o Antiguo Testamento, así también estos pertenecerían a este grupo de literatura que no podría despreciarse así de fácil, ya que en algún momento de la historia, fueron parte de sus normas de conducta.

¿Crees que la monogamia ha mejorado o ha empeorado a la sociedad?

domingo, 15 de mayo de 2016

La historia heredada


¿Cuál es la posibilidad que en nuestros cerebros se albergue toda la historia?
El cerebro tiene la capacidad de almacenar una gran cantidad de información. A lo largo de nuestros años de vida, vemos, escuchamos, sentimos, percibimos. Todo esto se convierte en información. Sin embargo, ¿cuál de toda esta es conscientemente almacenada? Puede existir la posibilidad de que en algún momento, o algunos momentos, de nuestra vida seamos capaces de evocar memorias que nos parecen extrañas a nuestras experiencias o simplemente nos abandonamos a nuestra imaginación o sueños, y pocas veces nos preguntamos por algunos rostros que no conocemos, que simplemente aparecen, intentamos recordar de qué época son, si los vimos de manera soslayada, o si simplemente existen, los asociamos con las personas que conocemos e intentamos darle el nombre y personalidad de una persona específica sin que corporalmente sea identificable.

¿Es posible que hayamos albergado conocimiento o historia, no personal, de manera inconsciente?
Si esto fuera posible, ¿en qué momento de nuestra vida podríamos haberlo hecho? ¿En algún momento en el que caminando por las calles podríamos haber estado absortos y simplemente caminar sin reparar en que nuestros ojos y cerebro hayan seguido trabajando y la información de ciertos rostros y eventos podrían haberse almacenado? Pero, ¿y los lugares que nunca hemos visto, ni aun en imágenes, ni en películas de historia ni de ciencia ficción? ¿De verdad nuestro cerebro podrá ser capaz de crear lugares sin tener base en alguna referencia visual que haya sido previamente almacenada o por lo menos pensada? Y comenzamos a pensar en nuestra infancia, qué tanto recordamos de aquellas épocas doradas de inocencia. ¿Y si ni aun en aquella época podríamos haber almacenado información que no nos parezca creada por nuestro cerebro? 

El viaje de la información
Y es que el proceso encargado del transporte o transferencia de la información a través de toda la red neuronal (considerando todos los tipos de neuronas y todas las funciones de las que se encargan), sinapsis, abarca desde el centro del cerebro hasta cada una de las terminales nerviosas, pudiendo recepcionar información de todo lo que percibimos. Cuando evocamos alguna memoria para realizar alguna acción, la sinapsis comienza actuar, de tal modo que en un instante ya tenemos la información en acción, esto incluye evocar memorias para la imaginación. Teniendo en cuenta esto, podemos ser capaces de evocar inconscientemente información almacenada de manera inconsciente y recrearla en nuestra mente de manera consciente. Si hemos descartado todas nuestras experiencias de nuestra vida, desde que nacemos, ¿en qué momento podemos almacenar información, de manera inconsciente, que no sean de nuestras experiencias personales?

La estimulación prenatal
Para el buen desarrollo emocional del feto se recurre a la estimulación temprana, en la cual el feto tiene la capacidad de responder a estímulos visuales, táctiles, auditivos, así como las emociones de su madre con la capacidad de percibir información y procesarla gracias a la sinapsis que ocurre entre las terminales nerviosas de la madre y el feto. Muchas de las emociones y sensaciones de la madre son transmitidas hacia el feto, muchas de estas son inconscientes y otras son conscientes, logrando que el cerebro del feto se llene de información antes de su alumbramiento. ¿Será posible que no solo las emociones y sensaciones de la madre sean transmitidas hacia el feto, sino también vivencias y recuerdos que están almacenas en su cerebro? Si consideramos en que esto es posible, la madre podría evocar inconscientemente los recuerdos de su vida y transmitirlos parcialmente o totalmente hacia el feto y este podría almacenarlo para evocarlos posteriormente para cuando haya sido alumbrado o durante el desarrollo de su vida.

Se podría considerar en retrospectiva que de madre a hija, esto se ha ido accionando sin consideración, y que a la fecha toda la historia del mundo esté contenida parcial o totalmente en algún cerebro de algún ser humano pudiendo ser transmitido por alguna madre a un nuevo feto.

Y tú, de todo lo que has pensado o imaginado durante tu vida, ¿cuánto puedes descartar que sea, o haya sido, realidad?